Una vez leí que las historias eternas son las más breves, pues quizás ésta sea una de ellas.
Música para feos es una historia de amor contemporánea y corta. Tan corta que cuando acabas de leerla no sabes si estar feliz o amargo.
La historia la va narrando Mónica, la protagonista, sin manipular los pensamientos, ni las palabras, ni los gestos. La protagonista nos cuenta a nosotros, pero en realidad se está contando a ella misma lo que vive con Ramón. Quizás para entenderlo o para sobrevivir al después. Se limita a enmarcar la acción, el tiempo y los espacios como si fuese una cámara de cine que recoge todos los detalles para que el lector entienda cómo va sucediendo todo. Sin embargo, son las conversaciones que mantiene ella con Ramón las que mejor nos desvelan qué sucedió entre ambos.
Estas conversaciones se reparten en tres bloques que nos recuerda la estructura de cualquier cuento clásico: el encuentro, la separación y el adiós. En cada parte cambian de escenario y de lenguaje, de manera que los primeros diálogos son más directos porque uno está frente al otro y se nos describen los gestos, las miradas, los encuentros, … el lenguaje no verbal. En “la separación” las conversaciones son más sinceras e intensas, porque son escritas, a pesar de que la pantalla del ordenador haga de muro y los separa. Esto también hace crecer la incertidumbre y el deseo entre ellos. En “el adiós” Mónica tiene que reconstruir lo que hubiese vivido con Ramón hablando con su mejor amigo. Algo emocionante, pero a la vez desgarrador.
Lorenzo Silva escribe y habla maravillosamente, todos lo sabemos, pero me parece extraordinario cómo nos cuenta esta historia sin ñoñerías, ni tópicos y como es capaz de mostrar el diálogo de tan diferentes maneras.
Me ha sorprendido la fluidez de sus palabras y la riqueza del vocabulario que han hecho fácil la lectura a pesar de la complejidad de su sintaxis.
Pero lo que más me ha encantado ha sido cómo los diálogos crecían en intensidad mezclándose con diferentes canciones. La música les unía, pero mucho más el deseo de buscar una canción para agradar al otro. Hay veces que las palabras no alcanzan a transmitir nuestros sentimientos, por eso está la música.
Lorenzo Silva ofrece un final inesperado y 21 canciones que vale la pena ir escuchando a la vez que lees esta historia. Me quedo con ésta.