— Reseñas: Novela extranjera —

Tan poca vida, Hanya Yanagihara

La lectura de Tan poca vida ha sido como escalar una montaña de la que no ves nunca el final. A pesar de ello quieres subir y no sabes por qué extraña razón.

La novela es muy extensa y consta de siete capítulos. Todos se dividen en tres partes, excepto el último que lleva el título del primero y que resulta ser como un epílogo. En este epílogo por fin identificas la única voz que en pocas ocasiones habla en 1ª persona. Toda la historia está contada desde fuera por un narrador omnisciente que te mete en las entrañas de cada personaje hasta dejarte exhausto.

No ha sido nada fácil leer Tan poca vida y quizás menos en una época de confinamiento como la que hemos vivido, donde la situación te arrastra a limpiar cada rincón de tu casa y de tu corazón. A remover recuerdos, a analizar tu presente y plantearte qué vas a hacer el día que puedas salir.

Aunque parezca una paradoja, Tan poca vida habla de mucha vida. La autora comienza contando la historia de cuatro amigos veinteañeros cuando se conocen en su época universitaria y forman un grupo inseparable. JB es de Haití, es gay y quiere ser artista; Malcom es un niño bien y está obsesionado con la arquitectura; Willen es guapo y atractivo, le encanta el teatro y en su infancia pasó estrecheces y Jude es carismático, inteligente, pero no habla de su pasado.

A lo largo de las primeras páginas la voz narrativa va saltando de uno a otro y aunque se mezcle la información de todos, vas conociendo quiénes son, cuáles son sus pretensiones y por qué son amigos.

Y parece que la historia va de ellos, pero el narrador afina la vista en cada página y dirige su catalejo a uno, Jude. La novela poco a poco se centra en la historia de este personaje y todo lo que esconde se convierte en una obsesión. No sólo para él, porque si lo contara podría sobrevivir a su propio espanto; sino para el lector, porque en su lectura sólo desea que paren los abusos, las autolesiones, los intentos de suicidio. Un dolor que es cada vez superior a lo que cualquiera puede imaginar. La lectura hiere y se vuelve angustiosa en muchos momentos. Y lees desesperadamente con el corazón encogido cada vez que consigues averiguar algo de su infancia que te ayuda a comprender al protagonista.

Su pasado aparece en porciones pequeñas como si fueran botellitas de veneno que se mezclan con la belleza del presente.

Afortunadamente, en la historia de Jude, como en la vida misma, se intercalan los pasajes felices con los dolorosos de una manera exagerada. Esta es una de las críticas que le hacen a la autora. Lo bueno de la vida ¿es tan bueno? Lo malo ¿es tan malo?

El lector se lo plantea en cada página y cierra el libro y los ojos infinidad de veces, para revisar si está queriendo bien a los de su alrededor, si ha encauzado bien su vida, si ha sido afortunado o desgraciado, … Sí, el lector se obsesiona con la vida. Quizás esto es lo que quería conseguir Hanya Yanagihara cuando nos narra un cuento de más de 1000 páginas como los cuentos infantiles, donde a lo mejor, una joven es maltratada por su madrastra y hermanas; pero, después, su hada madrina la rescata con un zapato de cristal y el príncipe supera todo el dolor que ha vivido con un beso de amor eterno.

En cualquier caso, la historia es más creíble en el espacio donde se desarrolla, Nueva York. Una ciudad cosmopolita, con gente de diferentes culturas, religiones e ideologías, donde la familia son los propios amigos, porque es con ellos con los que cuentas y son ellos los que te destruyen o te rescatan. Nueva York es un espacio de espacios donde todo es posible y más real. Donde la miseria y la riqueza pueden ir de la mano. Donde es fácil pasar de la línea de lo correcto a lo incorrecto, donde está permitido destruir la dignidad e integridad de una persona, hasta el extremo de hacerle creer a uno que su vida no le pertenece y que no merece que le quieran, porque su cuerpo y su alma ya no son suyos, como le sucede a Jude.

Hanya Yanagihara, escritora, voz femenina, se ha atrevido a hablar del sexo, de las emociones, de las relaciones, de la intimidad y del pensamiento masculino, sin caer en tópicos, ni resultar excesiva o parca. Y lo ha hecho con una narración polifónica sencilla, con diálogos directos y reales, reales como la vida misma. Se ha atrevido a hablar de la mella que deja la familia y los amigos en cada uno. Se ha atrevido a comparar la fuerza del amor con el de la muerte.

Duele. Me ha dolido. A nadie le gusta remover y que le remuevan, porque no podemos escapar de lo que hemos vivido o no queremos escapar. Porque no sabemos si sumamos años sin saber cuántos o de verdad, los vivimos. Porque a veces no sabemos si somos protagonistas de nuestra vida. Porque… qué es la vida.

Duele. El amor y la vida duelen. Me ha dolido.

Hanya Yanagihara lo ha conseguido.

 

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