— Reseñas: Novela extranjera —

Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh

 “¿Dónde podemos escondernos durante el buen tiempo, huérfanos de la tormenta?”

Retorno a Brideshead no ha sido una novela fácil para mí por varios motivos, quizás el más importante fue que al principio no había manera de engancharme a su lectura. Me parecía lenta y soporífera. No cogía el ritmo y eso me producía desesperación. Sobre todo, cuando pensaba que era uno de los “mejores libros” de la literatura inglesa.

Poco a poco cambié la estrategia y me dejé llevar por su ornamentada prosa, de modo que pude entrar en la mente y en el corazón del principal narrador, Charles Ryder.

Charles Ryder, hombre maduro y gran observador, vuelve a Brideshead en plena guerra al cargo de un regimiento de soldados para tomar la casa donde años atrás vivió una de las etapas más hermosas de su vida. Es así como revive los años felices y confusos en ese hogar con la familia de su mejor amigo, Sebastian Flyte. Pero tanto le pesa esa etapa que necesita contarla. Puede ser que tras el narrador principal se esconda el propio autor y estemos hablando de una novela terapéutica. Todo es posible en literatura.

En cualquier caso, es curioso cómo la narración, con los detalles de cada día y de cada momento, se va descargando sobre los hombros del lector. Al igual que las reflexiones y el desasosiego con que algunos personajes viven su sexualidad o sus creencias, por ejemplo.

“Lo sabía fuera cual fuera el modo en que me hablara: con medias frases, palabras aisladas y frases hechas según la jerga contemporánea; por medio de movimientos apenas perceptibles de los ojos, los labios o las manos; por muy inexpresable que fuera su pensamiento, por lo rápida o definitivamente con que lo alejaba del tema en cuestión, por lo deprisa que saltaba, como a menudo hacía, directamente desde la superficie hasta las profundidades.”

Leer Retorno a Brideshead pesa y te carga de emociones contradictorias y extravagantes, que no dejan de removerte como así le sucede al protagonista. Pero no solo cuenta él. También hablan los demás personajes a través de sus diálogos y cartas. De manera que conoces sus relaciones y sus pasiones, en muchas ocasiones ocultas por la carga de un catolicismo, para mí casposo y rancio hasta el extremo que me ha hecho enfadar. Como también me ha hecho enfadar Julia Flyte, hermana de Sebastian, aunque no contaré aquí el motivo de mi enfado.

“¿Yo? – dijo Sebastian desde las sombras, más allá de la luz de la lámpara, más allá de la leña incandescente, más allá del círculo familiar y de las fotografías esparcidas sobre la mesa…”

Supongo que eso es lo que quería el autor, conmocionarnos y remover nuestras almas al pensar y reflexionar sobre una época hipócrita y falsa, llena de extravagancias como el excesivo decoro y protocolo en muchas de las escenas familiares o el esnobismo de algunos personajes. No olvidemos que la historia se ambienta en un periodo entre guerras, en la década de los 20, que Charles rememora al comienzo de la 2ª guerra mundial, una mañana de 1940.

Por eso, es posible que el autor busque en las falsedades de una época feliz librarse de la tristeza de una guerra y quizás por eso, la prosa esté tan decorada y en ocasiones, sea tan poética. El caso es que el narrador se recrea y revive cada detalle. Eso me ha fascinado.

“libre de los pesares del amor, asombrada del poder de su propia belleza, vacilando sobre el borde fresco de la vida; alguien que se descubre de repente armado; la heroína de un cuento de hadas que juega con el anillo mágico…”

Es preciosa su manera de narrar. Al leer me imaginaba a Charles sentado en una colina observando Brideshead y reviviendo cada momento con una pasión pasmosa, de manera que conseguía que el humilde lector estuviera allí. Y eso te obligaba a hacer una lectura fina para no perder ni un punto. Porque la historia, dividida en tres libros, es lineal; pero está llena de retrospecciones y premoniciones que crean una expectativa que te conduce a acabar el libro para saber cuáles eran sus verdaderas pasiones.

“Como el sexo era la diferencia palpable entre lo familiar y lo extraño, parecía llenar el espacio entre nosotros, de manera que me resultaba especialmente femenina, sensación que ninguna otra mujer me había inspirado con tanta intensidad.” Pág. 96

Retorno a Brideshead se divide en tres partes enmarcadas por un prólogo y un epílogo, que podrían leerse perfectamente como tres libros diferentes: Et in Arcadia ego, Adiós a Brideshead y Tirando del hilo. Sin duda, me quedo con el último libro. Y aunque he de confesar que me rebelé contra esta novela, su autor consiguió lo que pocos libros consiguen, dejarte desnuda tras su lectura.

“El alud había caído, dejando tras sí la ladera desnuda.”

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