— Reseñas: Novela española —

La gente, Felipe Benítez Reyes

Lectura de abril y junio de 2026

Felipe Benítez Reyes escribe una novela que como él mismo dice no sabría si calificar como tal, ya que se trata de un amasijo de tiempos desordenados y personajes del mismo pueblo. Así es, La gente narra las historias de las personas que habitan en Rota en un periodo de tiempo anterior y posterior a la guerra civil. Quien las cuenta es Alberto Márquez Rancés, sobrino de Miguel Rancés Olivares que tras el hallazgo del manuscrito de su tío decide publicarlo.

La novela se divide en tres partes. El Prólogo donde el sobrino explica el descubrimiento de este y otros manuscritos y cómo decide publicarlo. A continuación, La gente, mural de los espectros que desde la mirada de Miguel Rancés narra en primera persona las vidas, aficiones, manías y relaciones de cada habitante de Rota. Y por último, los Apéndices. En esta parte aparece un nuevo narrador, Vicente Ruíz de Lara, miembro de la Real Academia de San Isidoro de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz, amigo de la infancia de Alberto Márquez que recibió en 2018 estos manuscritos cuando este falleció.

Podríamos comparar esta “novela” con La colmena, ya que ambas son una especie de fragmentación de la realidad, un puzle de escenas costumbristas, sin ilación argumental aparente entre ellas. Es verdad que “el café de Doña Rosa” era el lugar común entre los personajes de Cela, pero en La gente no existe uno, sino más lugares de reunión: el “Bar Central”, la “fonda del Comercio”, el “Ateneo” … y, además, cambian y evolucionan con el paso del tiempo sin seguir un orden lineal. 

Aunque ambos escritores hacen un repaso a la historia de un barrio o de un pueblo. En el caso de La gente desde una mirada individual, en primera persona, pero sesgada e incompleta. Todo ello nos hace reflexionar en cómo vemos lo que acontece a nuestro alrededor y cómo hacemos conjeturas de las vidas ajenas. Quizás sea esta una manera de reconstruir la historia, pero ¿qué es verdad y cómo ocurrió?

En una de las reflexiones el autor plantea que “cuando las historias ascienden a Historia, todos sabemos distinguir dónde estaba el bien y dónde el mal, la razón y la sinrazón, la justicia y la infamia. Sí. Pero cuando estamos dentro de una historia, de una de esas historias pequeñas que, con el tiempo formarán parte de la Historia, la perspectiva cambia completamente”.

También habla de la memoria y de todo lo que cabe en ella. Me atrevería a decir todo lo que cabe y tergiversamos cada uno en la nuestra. La novela empieza así: “La memoria es una habitación cerrada en la que caben un juguete roto y una ciudad entera… La memoria es también un caleidoscopio”. 

Con un estilo cervantino Felipe Benítez, natural de Rota, nos deja un libro con los recuerdos y las vidas cotidianas de las personas de su pueblo, que podrían ser las de muchos pueblos de España antes y después de la guerra civil. Quizás un poco novelados, pero quién no idealiza e imagina las vidas paralelas de su pueblo. Son muchos personajes y muchos lugares, pero la narración es deliciosa y perfecta, lo que hace que sus vidas sean más auténticas. De alguna manera me ha recordado también a Noruega de Rafa Lahuerta, por ser un libro que recupera la esencia de lo que fuimos antes de que la globalización, internet y el mercado mundial nos engullera y perdiéramos las diferencias de los pueblos que tanto nos enriquecen.

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