Lectura de abril de 2026
No habían pasado ni dos meses de nuestra tertulia sobre Persépolis cuando nos enteramos de que Marjane Satrapi había fallecido de tristeza. La autora de una de las mejores novelas gráficas, que había obtenido recientemente el “Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024” y otros reconocimientos por su labor artística, social y humanitaria, no pudo soportar la pérdida de su marido y murió de pena.
Fue curioso, nos dejó consternados. La tertulia sobre su mejor obra había resultado de las más interesantes y se alargó hasta muy entrada la noche. La historia, su propia historia, de Persépolis y la forma de contarnos había calado tanto que hizo que cada uno abriera sus grietas y sacara de ellas recuerdos, heridas, secretos… El espíritu de la artista se apoderó de los tertulianos y ayudó a sanar con el diálogo todo lo escondido. Quizás fue por eso por lo que el 4 de junio no dábamos crédito a que la escritora de la que estábamos enamorados nos hubiera dejado.
Marjane Satrapi nació en Teherán en 1969 y en 1979 comenzó la revolución iraní que dio lugar a un gobierno islámico. La artista cuenta en su novela gráfica cómo vivió desconcertada desde los diez años este cambio profundo de su país. Tuvo que aprender a llevar velo y seguir las estrictas normas de un régimen alejado de los ideales progresistas de su familia. La novela es un retrato tierno y valiente, también cargado de humor, sobre la historia de su nación en paralelo a la de su infancia y juventud. Sus padres la enviaron a Viena para seguir con sus estudios secundarios, al volver estudió Bellas Artes en Teherán. En los años 90 se trasladó a Francia, donde conoció a su marido y donde se dedicó de pleno al mundo artístico de la ilustración, el cine, la literatura… hasta que llegó el fin.
Me han resultado extraordinarios los colores, los dibujos… el diseño y la maquetación de la novela en general. Es increíble cómo una mujer dibujante, donde hay tan pocas en el arte del cómic, haya conseguido deslumbrar en contenido y forma. Su espíritu rebelde y sus ganas de humanizar han hecho que sus obras trasciendan y rompan los límites, al convertirse en un símbolo de tolerancia y libertad.
Así nos lo hizo ver tras recibir el “Premio Princesa de Asturias” en octubre de 2024 cuando la artista y cineasta iraní pronunció un maravilloso discurso en el que hablaba de la dualidad del ser humano, la importancia de educar en valores esenciales como el civismo, la bondad, la compasión y la empatía como límite.
Como ella dijo: “Si eres indiferente al dolor, no mereces llamarte humano”.



