Lectura de septiembre de 2024
Conocí a Mamen, por casualidad, un sábado casi a punto de cerrar las tiendas. Mamen Monsoriu es la librera de El Imperio, una librería que fundó no hace muchos años y que triunfa en Ruzafa por la atención y el entusiasmo que ponen ella y Mauro en todo lo que hacen. Da igual que vayas a comprar un libro, a mirar lo último que se ha publicado, a participar en una tertulia o a asistir a una presentación, siempre sales mejor que has entrado. Mamen es luz para los demás y así lo he sentido cuando he leído su primera novela, Justicia poética.
Curiosamente esta novela la acaba de publicar Espasa, porque la editorial así se lo pidió. El fenómeno ocurrió al contrario de lo habitual. La escritora no buscó al editor, fueron los editores los que la buscaron cuando conocieron su manera de narrar por las redes sociales donde escribe desde joven. También ha publicado los poemarios Escalofríame e Imperatriz.
Justicia poética es su primera novela y en ella utiliza la narración íntima propia de sus versos. Una manera de contar que te acerca a lo que sienten y viven los personajes en primera persona.
“Un embarazo no deseado, un duelo no superado, el miedo al compromiso por el temor al maltrato, una madre ausente y el impulso acompañan a Raquel Ortiz, la protagonista, desde que un sonido peculiar, diferente, cambia su vida”.
Cómo compaginar la creatividad, el entusiasmo de ser tu misma con una vida nueva que va a nacer… Mamen consigue hablar de la decisión más difícil, de lo más profundo, sin caer en lo simplón, ni perder la frescura que caracteriza su narración.
La novela se divide en dos partes y estas en capítulos cortos que hacen más rápida y ligera la lectura. La 1ª parte: A. A. con veintidós capítulos transcurre antes de que la protagonista sepa que espera un bebé. La 2ª parte: D. A. con cuarenta y dos capítulos cuenta lo que sucede después de saberlo. Una disposición que te ayuda a asimilar los pensamientos que rodean a cada acción y las reflexiones que giran en torno a lo que (nos) decimos y lo que no (nos) decimos.
“A veces me pregunto qué pasaría si reuniésemos todos los mensajes que se quedaron sin enviar. Si, en un arrebato de sinceridad, se nos comunicase lo que nunca se nos dijo. Si alguien rompiese una lanza a favor de la transparencia y todos lo siguiéramos. Y no existiera – ya no existiera – la opción de quedarse con las ganas. Cambiaríamos vidas, seguro. Las salvaríamos probablemente.”



