La primera vez que oí hablar a Fernando Delgado de esta novela entendí que estaba fascinado por los protagonistas de la historia: Teresa y Gracián.
Hay muchas biografías de Santa Teresa de Jesús, pero él no quería escribir sobre su vida. Por eso, cuando el escritor estudiaba la figura de San Juan de la Cruz y un antiguo político le comentó que era más interesante la amistad entre Teresa y Gracián, quedó prendado de esta historia de amor.
Sus ojos en mí nos la cuenta y muestra de este modo el lado más humano de la santa. Algunos podrían pensar, como sus mismos contemporáneos, que fue una relación carnal y demasiado humana que traicionaba a Dios por incumplir sus votos. Pero no fue así. Este amor apareció al final de su vida sin esperarlo y a pesar de la diferencia de edad fue un amor mutuo. Quizás él no lo vivió con la misma ansiedad que ella. Fernando Delgado lo explica en una entrevista:
“Él la admira y la quiere por la relación estrecha que tienen. Ella lo admira, pero vive desasosegada cuando no está él. Y siempre preocupada, esperándolo. Hay una fascinación y una ansiedad propia de un amor verdadero. No es carnal. El amor tiene muchas maneras de manifestarse. … Hay una sublimación del amor justo cuando el amor no termina en la batalla carnal.”
Ella era una mujer apasionada y llena de amor. Siempre estuvo enamorada de Dios y por eso, necesitaba el consentimiento de su Esposo para mantener una relación con Gracián. De hecho, se lo pidió con tanta ansiedad que hasta tuvo un sueño en el que Dios unió sus manos y dio por buena y válida esta amistad, lo que le otorgaba a Teresa la tranquilidad de seguir adelante, compartiendo con Gracián vida y confidencias.
Lo más interesante de esta novela tiene que ver con el lado humano de los dos. El que menos se conoce y nos presenta a Teresa como una mujer combativa, feminista, valiente, carismática, administradora, buena organizadora, con ideas propias, … Este hecho hace que la Inquisición la persiga, simplemente porque no puede soportar que una mujer piense. Y por este motivo también persiguen a Gracián al ser su amigo. Además de despertar envidias por ser un hombre ilustre, avanzado en su época, humanista, educado y refinado.
Entre ellos se produce un deslumbramiento intelectual que los hace inseparables y les da fuerza para luchar juntos por reformar la Iglesia. Aunque al final de la vida de Gracián le cueste el exilio, la persecución y el castigo. Nadie consigue que hable en contra de la reforma del Carmelo y con su silencio salvaguarda la honestidad y el trabajo de Teresa y las mujeres que con ella lucharon por conseguir la pureza del Evangelio.
A Fernando Delgado no le gustan las novelas históricas, sin embargo, en esta novela tiene que contextualizar muy bien los hechos. Por eso es fiel a los escenarios de la Iglesia y de la sociedad de Felipe II, así como a la relación entre los protagonistas. Y sólo se permita alguna licencia en los personajes de la historia paralela. El lector entiende muy bien la labor y la lucha tan tremebunda que tuvieron que vivir los protagonistas para reformar la Iglesia, buscando la esencia del Evangelio, alejada de la falsedad y el vicio en el que vivían la orden de los calzados.
Por otro lado, al autor le costó mucho encontrar la voz que narrase esta historia y al final, fueron tres personajes, enamorados de la santa, los que unos siglos después la reconstruyen. Entre ellos también se da otra historia, sin embargo, no se profundiza en ella. Quizás para no quitar protagonismo a la principal. (A veces se hacen “pesados” sus diálogos y un poco difícil entender a dónde quieren llegar.)
La historia no tiene una estructura muy lógica, aunque empiece en el principio, en Beas de Segura donde se produce el enamoramiento. Parece que no sigue un orden lineal, porque cuando acaba la primera parte y parece que se ha terminado todo con la muerte de Teresa, el autor añade otra parte más corta que llega hasta el final de Gracián en Bruselas. Tal vez para que los lectores comprendamos la dimensión de este gran amor.
En cualquier caso, cuando leía la novela me preguntaba si un lector agnóstico, ateo o incrédulo podría entender esta relación y podría aceptar la santidad que le damos los creyentes a Teresa al enamorarse de un ser humano, estando casada con Dios. Desde mi humilde experiencia de “oración mental”, como se dice en el libro, el haber conocido esta relación amorosa entre Teresa y Gracián, aún me hace amar más a Dios por su grandiosidad. Para mí Dios recoge todo lo bueno, todo el amor, toda la felicidad, todo lo positivo, … de la Inmensidad. Todo aquel que se acerque a Él, multiplica todo esto y lo hace más grande.
Fue fabuloso que una mujer y un hombre se unieran para multiplicar la grandiosidad de Dios y la expandieran, a pesar de las adversidades, las envidias o la incomprensión de las mentes cerradas. Fueron dos adelantados a su época que supieron entender la esencia del Evangelio y transmitir la sencillez del mensaje del mandamiento del amor. No hay más, así de fácil.
Me encanta la mística de Teresa y su “oración mental”, porque es una dimensión humana desconocida e incluso, despreciada por algunos; pero quien la vive experimenta la dicha de encontrarse con lo más Sublime. No se puede explicar con palabras.
Sé que Fernando Delgado no quiso hacer una novela religiosa, ni de espiritualidad, ni siquiera histórica; pero sin duda a algunos nos hace recordar la humanidad del cristianismo. No en balde el hijo de Dios se hizo hombre y los protagonistas de Sus ojos en mí lo sabían. La Iglesia necesita “hombres y mujeres” así.
Quién sabe si la mirada que puso Teresa en Gracián y Gracián en Teresa escondía los ojos de Dios.
NB: No quiero acabar sin añadir el enlace al blog de las Carmelitas Descalzas de Puçol, grandes amigas y mujeres, a las que les debo mucho y les tengo gran admiración. En Teresa, de la rueca a la pluma podemos encontrar mucha más información de Jerónimo Gracián y de todo el entorno y obra de la Santa.