— Reseñas: Novela española —

El faro de los acantilados, J. L. Martín Nogales

Lo mejor sería empezar dando las gracias a J.L. Martín Nogales por regalarme su novela El faro de los acantilados, hecho que me hizo sentir muy afortunada y un poco expectante.

Ya desde el envío, la novela estuvo envuelta en un halo de misterio, pues no fue fácil que llegara hasta mis manos. Él y yo sabemos las vueltas que dio el libro hasta encontrarnos, pero guardaremos el secreto.

El caso es que El faro de los acantilados es una novela de intriga dedicada a los jóvenes lectores y a los entusiastas de la literatura, de las letras y de los libros. Supongo que alguna pista dejé para que el autor lo percibiera en mí.

Todo sucede en un pueblo escondido entre las montañas y los acantilados del Norte de España donde se pierde el maestro, figura relevante entre los habitantes de aquel precioso paraje. Empiezan a buscarlo, pero sólo cuatro jóvenes adolescentes insisten en el empeño y llegan al final del misterio. Pero no lo consiguen solos, hay otro personaje que les ayuda a seguir las pistas. Es el farero, un hombre que sufre un pasado doloroso que lo aísla de los demás y lo hace más enigmático.

Además, la historia se desarrolla en plena guerra civil y aunque el pueblo está alejado de los campos de batalla, esto no lo exime del dolor y la pérdida de los seres queridos. De hecho, el autor aprovecha este hecho para reflejar los distintos sentimientos que afloran con tanto descaro en la juventud. Amor, envidia, miedo, valor, tristeza, alegría, incertidumbre, coraje.

Y a la vez nos va narrando la trama principal en paralelo a la historia de la Literatura española. Los versos y la prosa de nuestros escritores marcan el compás no sólo de la búsqueda del maestro, también del interior de cada uno. Es como escuchar una coral donde distintas voces cantan a la vida, a la muerte, a la pérdida, al amor, a la pasión, al silencio y en último término al reencuentro con uno mismo.

Leer El faro de los acantilados me ha hecho evocar los momentos de paz en el campo y en el mar de mi adolescencia, cuando no había móvil y la vida era más sencilla. Cuando la juventud te dejaba ser más inconsciente, atrevido y valiente.

Por eso, es un regalo ser mayor y poder convivir con los jóvenes para enseñarles nuestra literatura y hablarles de otras mujeres y hombres que escriben porque “necesitan explicarse: contar su mundo; decir sus dudas y sus deseos; indagar en su propia vida”; porque “cada libro es una carta que alguien escribe, a veces una señal de socorro.”

Gracias José Luis por este regalo, por avivar la llama de la juventud y de las voces que nos esperan en los libros aguardando el momento para contarnos.

Deja una respuesta