— Reseñas: Novela extranjera —

Los Buddenbrook, Thomas Mann

«CAPÍTULO V» – UNDÉCIMA PARTE (Final alternativo, a la manera de…)

«La maleta pequeña de cuero mantillo estaba encima del baúl.

El baúl de un color avellana destacaba por la cerradura con doble llave y los remaches dorados, además de las correas burdeos que le daban un aire exótico, muy propio de la dueña. Era fácil que nadie se percatara de que Gerda Buddenbrook, de soltera Arnoldsen, guardase en esa maleta pequeña lo que de verdad le importaba, el Stradivarius que su padre le había comprado en Ámsterdam cuando era pequeña.

A pesar de que la mujer del cónsul había dado orden a su única criada de que cuidara de los enseres, en repetidas ocasiones giraba su rostro hacia el equipaje con el temor de que desapareciese su violín, el único objeto que tenía valor para ella cuando llegó hacía veintiún años. Cada vez que lo tocaba se sentía liberada de la monótona vida de la ciudad a la que había llegado ilusionada, un entusiasmo que se deshizo con el devenir de las reuniones familiares, de las aburridas visitas y de la ridícula disciplina diaria de su esposo con aquellos cuidados y afeites.

A pesar de que era mediodía, apenas había luz y el otoño avanzaba. Desde la avenida llegaba el sonido de la lluvia que cada vez caía más fuerte sobre los árboles ya medio desnudos. Gerda Buddenbrook alzó la mirada hacia los grandes ventanales de la cubierta de la estación del tren donde se estrellaban las gotas de agua contra los cristales.

– Todo irá bien. No olvides que siempre te hemos querido todos. ¡Ay, sí, Gerda, así ha sido siempre, no me contradigas! Pero Thomas ya no vive, y … ya nadie vive. Nos duele que te marches, sí, nos duele, pero ve con Dios. – repitió una vez más la señora Permaneder.

Tony Permaneder no aparentaba los cincuenta años que tenía y su cuerpo gracioso con aquel coqueto labio superior contrastaba con la figura esbelta y el porte altivo y distinguido de la mujer del cónsul. Gerda conservaba su cabello pelirrojo igual de oscuro siempre y sus ojos seguían sin inspirar confianza, parecía que no estaban al alcance de la gente. A pesar de todo, guardó silencio y una vez más no hizo ningún comentario a la hermana de su marido. Por suerte el jefe de estación había dado el último aviso para subir al tren y ya no había nada que hacer en aquella ciudad, ni siquiera la música había salvado a Los Buddenbrook de una decadencia anunciada.»

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Cuando Thomas Mann tenía sólo veinticinco años decidió seguir el consejo de su editor y pasar de los cuentos a escribir una novela. Así se lo explicó entonces a Otto Grautoff en una carta: «Fischer ha expresado reiteradamente en sus cartas el deseo de publicar una obra mayor mía en prosa; un libro así lo podría comercializar mejor que un volumen de cuentos. Yo mismo no había creído hasta ahora que llegase a tener el valor de emprender una empresa así. Pero, casi de repente, he descubierto una materia, he tomado una resolución y estoy pensando en comenzar con la escritura».

Cuentan que Fischer se desesperó al ver que la novela en cuestión tenía más de 900 páginas; eso obligaría a publicarla en dos volúmenes, ¡lo cual era todavía menos comercial que los cuentos! Por supuesto, Thomas Mann se negó a recortar una sola línea, y el resto ya es Historia de la literatura universal: más de seis millones de ejemplares vendidos en alemán, traducciones a más de treinta lenguas. Cuando en 1929 le concedió a Thomas Mann el Premio Nobel de Literatura, la Academia sueca afirmó que era «principalmente por su gran novela, Los Buddenbrook, que ha conquistado un reconocimiento cada vez mayor como una de las grandes obras clásicas de la literatura contemporánea».

La ciudad de Lübeck y su propia familia sirvieron de inspiración a Thomas Mann para escribir esta extraordinaria saga familiar que abarca cuatro generaciones y un espacio temporal entre 1835 y 1877. En ella no sólo traza un gigantesco fresco de una época y una sociedad, sino también un hondo retrato de la naturaleza humana: ganadores y perdedores, valientes y cobardes, afortunados y miserables, ricos y pobres. Traductora: Isabel García Adánez

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Revisar el epílogo de la edición de DEBOLS!LLO de Los Buddenbrook donde hay un análisis literario crítico muy interesante. Tras la lectura de la novela este epílogo sirve como una reflexión sobre la naturaleza del cambio generacional, la pérdida y la fragilidad de las estructuras sociales y familiares.

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