— Reseñas: Novela española, Uncategorised —

El corazón imprudente, Carmen Amoraga

Según la RAE “enamorarse” es “Despertar en alguien un sentimiento amoroso” o “Prendarse de amor de alguien”.

Si buscamos sinónimos de “enamorar” tenemos: conquistar, seducir, camelar, ligar, cortejar, atacar, amar, prendarse, encapricharse, interesarse, chiflarse, engancharse, enloquecer, apasionarse…

La palabra enamorar es un verbo derivado porque utiliza el prefijo en- que significa “dentro de”. Por lo que es fácil deducir que aquel que está enamorado, vive dentro del amor, se apasiona y enloquece.

A lo largo de la historia de la literatura el amor ha sido el tópico del que más se ha escrito. En la gran mayoría de las ocasiones asociado al deseo y a la pasión de los jóvenes, Lancelot y Ginebra, Romeo y Julieta, Ana Ozores y Álvaro Mesía, Tony y María,… Es verdad que existen historias de amor entre personajes mayores, pero no es frecuente encontrarlas. Menos aún hoy en día cuando lo viejo no está de moda.

Sin embargo, El corazón imprudente, última novela de Carmen Amoraga, nos cuenta la historia de cuatro personajes que rondan los sesenta años y que son sorprendidos por el amor cuando ni siquiera lo esperan. Dos parejas, Tina y Ángel y José Manuel y Victoria, que viven satisfechos aparentemente con sus vidas y que saben que ya no habrá nada que estrenar, son cuestionados en su día a día por acontecimientos extraordinarios y tendrán que reconsiderar las nuevas circunstancias. Como todas las parejas arrastran recuerdos y dolores que pesan en las decisiones, la insoportable levedad del ser.

Al igual que en otras de sus novelas, Carmen Amoraga, nos habla de relaciones humanas. Los personajes son el motor de la historia y se convierten en el elemento formal más importante del marco del discurso. El relato se estructura en siete partes, siete definiciones diferentes de amor: El amor es un asteroide. El amor y sus síntomas. El amor es química. El amor y sus etapas. El amor, perpetuador de la especie. El amor es ver, recordar y mejorar. El amor y el odio.

La escritora conjuga prodigiosamente ambos elementos, personajes y contenido, para construir El corazón imprudente; de tal forma que no habrá lector que no se cuestione quién ganará la batalla, si el corazón, locura y amor, o la prudencia, templanza y cautela.

Y es que la palabra “enamorarse” es un verbo pronominal, reflexivo y recíproco, capaz de TODO y de NADA. 

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