— Teatro —

¡Aquí no paga ni Dios!, Darío Fo

Darío Fo nació en Sangiano, 24 de marzo de 1926, y falleció en Milán, 13 de octubre de 2016. Aunque comenzó los estudios de pintura y arquitectura, dedicó toda su vida al teatro, como actor y como dramaturgo.

Se casó en 1954 con la actriz Franca Rame y con ella fundó varias compañías teatrales con la intención de reivindicar desde el teatro la dignidad del pueblo y castigar al poder opresor. Su teatro trasgresor se posicionó hacia la izquierda lo que le llevó a ser censurado y perseguido en muchas ocasiones.

Darío Fo se convirtió así en un revolucionario que no dudó en arriesgar para contar sobre las tablas las crisis económica, social y política que el pueblo estaba viviendo, como sucede en ¡Aquí no paga ni Dios! 

“Es la rebelión de una mujer, Antonia, que junto con otras muchas mujeres de su barrio en el momento de  hacer la compra en el supermercado comprueba indignada que los precios han vuelto a subir otra vez más escandalosamente y deciden, uniendo el valor de todas y por una vez en su vida, rebelarse y llevarse los alimentos sin pagar. Antonia vive con Juan (honesto cumplidor de la ley) y son un matrimonio maduro. Los acompañan Luis y Margarita, una joven pareja amigos y vecinos suyos. Entre todos nos muestran las penalidades.”  

Al igual que otros dramaturgos que le precedieron, Fo fue capaz de contar con hechos fáciles de entender, situaciones absurdas y rápidos cambios de escenas la realidad social del momento. El teatro de Fo se convirtió en un teatro popular que gustó tanto como el de Lope de Vega a su gente.

En Fuenteovejuna, por ejemplo, Lope deja al descubierto el abuso de poder de los privilegiados y siguiendo los preceptos que él mismo expuso en su Arte nuevo de hacer comedias utiliza las mismas técnicas que Fo para captar al público y solidarizarse con él. Lenguaje llano y acorde a cada personaje, mezcla de lo trágico y lo cómico, realismo y verosimilitud en cada escena, personajes prototípicos… ¿Cómo no iban a popularizarse las obras de Lope y Darío Fo? Ay, a Lope de Vega también tendrían que haberle dado el Premio Nobel, como lo recibió Darío Fo en 1997.

Es cierto que el teatro de Fo molesta y provoca vergüenza ajena en el patio de butacas, quizás sea por cómo exagera cada escena hasta llevarla a lo ridículo e increíble, sin embargo, es así como consigue remover la conciencia de cada espectador y replantearse qué está pasando.

Y es que si no existiera el teatro habría que inventarlo, porque es la manera más fácil de acercarse al gran público para abrir sus ojos. Desde los juglares hasta los cómicos que conocemos hoy en día nos han ido contando la Historia entre risas y bromas, pero gracias a ello hemos aprendido a vivirla con libertad y quien no quiera verlo es que está ciego.

 

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