— Reseñas: Novela extranjera —

Océano mar, Alessandro Baricco

Cuando lees Océano mar es como cuando vas a tu restaurante preferido a comer. Sabes que los tres platos te gustarán, aun así, cada uno te sorprende por su sabor y por su emplatado.

Este libro se presenta en tres platos. El libro Primero, “Posada Almayer”, nos ofrece ocho entrantes con los que el autor describe a sus personajes. De dónde vienen, qué buscan en el mar y por qué se hospedan en esa posada. Lo interesante es cada una de las microhistorias que giran en torno a cada uno. Son como pequeños bocados con un ingrediente extraño e inconexo en esa primera parte.

Un pintor que, cansado de retratar la mirada de los ricos, busca los ojos del mar para empezar a pintarlo. El origen. Un profesor que, por el contrario, recopila en una enciclopedia el final de todo, y por eso, busca el límite del mar. El final. Una mujer bella y adúltera que su marido ha desterrado a esa posada para que olvide a su amante. El deseo. Un hombre enigmático, salvaje y fuerte que conoce la verdad del mar y necesita devolvérsela al océano. El rencor. Una joven delicada, capaz de ver más allá, que está enferma y sólo el mar podría curarla. La empatía. Un cura cómico que acompaña a la joven y banaliza su religión con oraciones triviales. La huida. Unos niños extraños que observan cada movimiento y protegen a los huéspedes. La custodia. Un señor misterioso que nadie conoce, ni ha visto, pero que se hospeda en la séptima habitación. El secreto.

Estos personajes y sus diferentes historias se desvelan en un espacio mágico y simbólico, la posada Almayer, que se presenta personificado y se convierte en protagonista. Es un mirador que les sirve para contemplar el mar y que susurra desde su interior a cada uno lo que debe hacer.

Parecía -allí, tan solitaria- como olvidada. Casi como si una procesión de posadas, de todo tipo, hubiera pasado un día por allí, bordeando el mar, y de entre todas se hubiera separado una, por cansancio, y, dejando que pasaran a su lado las compañeras de viaje, hubiera decidido pararse sobre aquel barrunto de colina, rindiéndose a su propia debilidad, reclinando la cabeza y esperando el final.

El segundo plato, “El vientre del mar”, es sin duda el plato fuerte. Se trata de un relato a dos voces, las de Savigny y Thomas. Narra desde estas dos miradas diferentes el horror humano, aquello de lo que es capaz de hacer el hombre en condiciones límites. Una lectura que recuerda a los versos de El hombre acecha, de M. Hernández.

He regresado al tigre. / Aparta o te destrozo. 

Hoy el amor es muerte / y el hombre acecha al hombre.

Es el tópico Homo homini lupus, popularizado por Hobbes y que, aunque aparece en muchos clásicos, Baricco lo borda en Océano mar. Lo mejor es la forma, cómo lo cuenta. En este plato utiliza un ritmo diferente en cada una de las dos partes, pero angustioso hasta el final. En realidad, el emplatado conmueve en toda la obra, porque sorprenden la lírica de la prosa, las metáforas y los símbolos.

El mar se convierte en otro símbolo personificado y el protagonista de este plato central. El mar en su versión más cruel. Aunque, sólo los que conocen su verdad saben que no siempre se muestra igual.

Allá en la orilla, en aquellos inviernos, yo imaginaba una verdad que era quietud, era regazo, era alivio, y clemencia, y dulzura. Era una verdad hecha para nosotros. Que nos esperaba… Pero aquí, en el vientre del mar, he visto a la verdad construir su nido, meticulosa y perfecta: y lo que he visto ha sido un ave rapaz, majestuosa en el vuelo, y feroz.

Uno de los momentos más esperados tras una comida copiosa es el refresco o el dulce que la cierra. En ese momento todo se va a acabar, hay que saborear bien el postre, apurar la copa y la conversación para digerir todo lo hablado y comido.

El libro tercero, “Los cantos del retorno”, es un postre que recupera los bocados del primero y añade los ingredientes que faltaban para comprender cómo cambió el mar la vida de cada personaje y cómo era necesario que se unieran para entenderlos.

Venían de los dos extremos más alejados de la vida, eso es lo sorprendente, pensar que nunca se habrían rozado salvo atravesando de punta a punta el universo, y en cambio ni siquiera habían tenido que buscarse.

… quizás el mundo sea una herida y alguien esté cosiéndola en aquellos dos cuerpos que se mezclan.

Tras la lectura de Océano mar reflexionas para saber cuál es el mensaje final porque te encuentras con muchas historias bien presentadas, pero sin ningún nexo de unión, excepto la inmensidad del mar, el océano.

Este es un lugar donde te despides de ti mismo… Te despojas de todo, miedos, sentimientos, deseos: los guardas, como trajes viejos, en el armario de una desconocida sabiduría y de una paz inesperada. ¿Puedes comprenderme?

Fascina el emplatado de la obra; pero el sabor final, el que debería de hacer de hilo conductor en toda la comida, parece muy difícil escogerlo. Quizás dependa de cada lector y del momento en que deguste tan precioso brunch en su vida.

¿Puedes comprender que todo esto … es bello?

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NB: La IMAGEN del escritor Alessandro Baricco en la cabecera es de jotdown.es  

Esta canción me ha acompañado en la lectura de Océano mar, no sé por qué. Otra preciosidad.

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