Cumbres borrascosas se publicó por primera vez en 1847. Su autora nunca llegó a conocer el éxito de su novela, ni tan siquiera sospechó que pudiera ser adaptada al cine o al teatro. Parece ser que la historia que cuenta tiene mucho que ver con su propio entorno y lugar de procedencia. Un lugar privilegiado para vivir e inspirarse, el condado de Yorkshire en Inglaterra.
Emily Brontë crea dos espacios en este extraordinario paisaje, la Granja de lo Tordos y Cumbres Borrascosas. Son dos lugares preciosos que se disputan el primer puesto en la novela tirando de los personajes para aportarles los rasgos de su entorno. Porque no son iguales, de hecho, en su nombre se ven las diferencias. Uno elegante y tranquilo, el otro más adusto y desapacible.
Pero es sorprendente cómo en estos bellos parajes, donde los personajes tienen toda la belleza y la paz de la naturaleza para ser felices, viven atormentados y quizás este hecho agudice sus pasiones y sus sentimientos.
Supongo que quien no ha convivido con oriundos de un pueblo de montañas no puede comprender que tras la apariencia de un carácter tranquilo se esconden las pasiones más profundas y salvajes. Y así les ocurre a los personajes de Cumbres borrascosas. E. Brontë lo sabía, por eso sabe describirlos muy bien y sabe proyectar sus sentimientos en la naturaleza, como lo hicieron otros románticos. La autora con menos de una decena de personajes, medio siglo y dos espacios nos narra la historia de dos mujeres que con el mismo destino dirigen su vida de forma diferente.
Catherine Earnshaw la destruye y su hija Catherine Linton la reconstruye, de manera que Cumbres borrascosas nos narra una historia circular contada de una forma novedosa e innovadora en el siglo XIX.
El lector conoce la historia de mano de Lockwood, un inquilino que alquila la Granja de los Tordos e intrigado por saber quiénes son los individuos que viven en Cumbres borrascosas pregunta a Nelly, el ama de llaves que los ha acompañado durante más de medio siglo. Ella será la narradora principal, aunque de una manera muy sutil la autora nos introduzca en el hilo de la narración otras voces. Este aspecto también es muy interesante, no sólo por ser novedoso, sino porque da al lector una visión más completa al conocer la historia desde distintas perspectivas.
Lockwood y Nelly vuelven atrás en el tiempo y reviven la historia del triángulo amoroso que se forma entre Cathy Earnshaw, Heathcliff y Edgar. Poco a poco van destapando las envidias, los celos, las atracciones y los deseos que como hilos tejen un tapiz tormentoso salpicado de fantasmas y enigmas sin resolver. Esta historia lleva a la siguiente, a la de Cathy Linton, aunque ella sí que es capaz de transformar la violencia, el abandono y las mentiras que sufre en amor y ternura, como sucede en el mito de la Bella y la Bestia.
De este modo, Lockwood se convierte en el primer lector y en el fiel oyente de Nelly, que ávido de saber más reconstruye lo que sucede entre los personajes de varias generaciones y logra entender el carácter hosco y distante del dueño de Cumbres Borrascosas, que misteriosamente oculta con gran sensibilidad una gran pasión.
Todo el mundo conoce Cumbres borrascosas. Es un clásico de la Literatura universal y uno de los libros más destacados del Romanticismo. Sin embargo, podría decir que a mí no “me ha llegado” como lo han hecho los románticos españoles. La mezcla del realismo de la obra con la fantasía no me ha resultado creíble, quizás porque los pasajes fantásticos me parecen postizos o exagerados, como si no estuvieran bien insertados en la realidad de la historia. En cualquier caso, reconozco que son varios los elementos románticos que me han llamado la atención.
Por ejemplo, la fuerza arrolladora de Heathcliff y Catherine. Son los personajes más bucólicos y sorprende de ellos que busquen él en la venganza y ella en la autodestrucción el amor pasional del otro. Al contrario que en cualquier historia de este tipo la atracción física y espiritual que sienten mutuamente los impulsa con fuerza centrífuga hacia fuera y hace que sea imposible su amor. Los protagonistas de esta forma se separan y encuentran en lo más fantasmagórico y diabólico el regocijo de su dolor. Este aspecto es la clave de la obra y lo más romántico. La autora lo muestra perfectamente a lo largo de la historia, pero es evidente en el capítulo 9 donde la novela da un giro completo, aunque a mí me resulte poco creíble.
Cathy le cuenta a su ama de llaves, Nelly, qué siente por Edgar y por Heathcliff. Pero el universo de Heathcliff se destruye cuando oye a escondidas la mitad del mensaje de su amada. A partir de aquí él crea un universo cruel, terrorífico y romántico, que arrastra a su amada a vivir el tormento del silencio, la distancia y el amor oculto.
Puede que a algunos no nos “llegue” esta escena clave que depende de un instante, pero quizás lo que ocurre es que no queremos reconocer que ese instante lo cambia todo.
Muchas historias dependen de un segundo y es fascinante ver cómo los escritores románticos supieron captar la inmensidad que se esconde en ese momento de vida.
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba. (Bécquer)
Adiós, por siempre adiós: un breve instante
siento de vida, y en mi pecho el fuego
aún arde de mi amor… (Espronceda)
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida… (J. Zorrilla)
¿Quién no ha sentido que perdía la vida entera en un instante?